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25 JUL2015
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Sáb. 5 Nov.

Opinión

Presupuestar para la crisis y ganarles las elecciones

Día a día las noticias económicas nos golpean con datos de baja de consumos; de cómo el menor consumo de bienes y servicios por cada vez más gente afecta a comercios que, así, enfrentan dificultades para mejorar salarios, o se ven necesitados de achicar la planta de personal a través de despidos o suspensiones, o en muchos casos directamente de cerrar; de que los ingresos familiares pierden valor real o poder adquisitivo en una carrera desigual con los aumentos generalizados de precios.

Por Osvaldo Lopez

Senador Nacional (M.C.) – Nuevo Encuentro TDF

Presupuestar para la crisis y ganarles las elecciones


O de pequeñas y medianas empresas, incluso del sector industrial, que por el menor consumo sumado a la apertura y estimulación de importaciones no pueden mantener ni incrementar volúmenes de producción con el consecuente ‘achique’ que afecta desde niveles salariales hasta directamente puestos de trabajo, lo cual a su vez en una suerte de ‘efecto dominó’ sigue proyectando consecuencias restrictivas que cada vez con más claridad van evidenciando un círculo vicioso que cierra con desempleo y pobreza en perjuicio de la mayoría del pueblo.

Podemos discursear sobre la situación, incluso hacer demagogia y proselitismo electoralista. Podemos manejar más o menos datos e informes, con mayor o menor precisión, analizarlos con mucha o poca capacidad de comprensión, interesarnos de verdad o simular interés y preocupación, abocarnos con compromiso, inteligencia, creatividad, laboriosidad, a tratar de resolver el problema, o dejarlo pasar porque ‘qué se le va a hacer, ya alguien lo va a arreglar’.

Pero ‘la verdad de la milanesa’ es que el gobierno nacional de turno adhiere a una ideología y a un proyecto económico que miles y miles de libros y teorías de autores, entendidos y expertos de todas laya, época y lugar llaman liberal y/o conservador.
No diremos acá si se trata de una ideología y de un proyecto buenos o malos, que eso depende de un juicio de valor que es subjetivo y parcial, de cada quien según los intereses que representa o defiende. Sí diremos, en cambio, que se trata de un proyecto que se aplicó varias veces en la historia y en muchos lugares, lo cual permite contabilizar objetivamente sus consecuencias y resultados, que algunos podrán compartir y defender, otros no, pero que están ahí, a la vista de quien quiera verlos, indiscutibles, innegables.

En nuestro país el proyecto en curso de aplicación es de ‘economía primaria’, vale decir –básicamente- de extracción de recursos naturales y de producción de materias primas, con procesos de escaso o nulo agregado de valor que, por ende, requiere muy poca o ninguna industria y, finalmente, ocupa poquísima mano de obra, dejando afuera a la mayor parte de la población económicamente activa, que a su vez se convierte en un ‘ejército de reserva’ de fuerza laboral ociosa que presiona a la baja los salarios existentes lo cual, del otro lado del mostrador, se computa como disminución de costos empresariales que posibilitan maximización de renta o ganancia.

Más allá de la modernización que es consecuencia natural de la evolución y de los cambios sociales, científicos y tecnológicos, el proyecto sigue siendo el mismo que en tiempos fundacionales de la Patria se definía como el proyecto de la burquesía porteña y de la oligarquía terrateniente, élite afortunada que no se desvela por alcanzar demasiados márgenes inclusivos para ‘la barbarie’, la gauchada, el criollaje, la indiada, la peonada del interior, tan masiva y mayoritaria, y que de tanto en tanto se subleva reivindicando derechos y buena vida, encolumnándose cual malón o montonera detrás de algún caudillo tirano y populista (o caudilla) que les hace creer que son gente.

Básicamente se trata de un modelo que cierra con alto nivel de desempleo y bajos salarios, como cara y contracara de una misma medalla, de un lado de la grieta; y concentración económica y maximización de ganancias empresariales del otro lado. El lado de la minoría privilegiada y el lado de la mayoría perjudicada se vinculan a través de una relación de tensión en un juego de inequitativa distribución de la riqueza que se resuelve con protesta y represión, con un saldo de daño social e histórico de no siempre posible o fácil reparación posterior.

En Nuevo Encuentro –lo decimos una vez más- no compartimos ni defendemos esos resultados ni esas consecuencias; por ende confrontamos con el proyecto económico liberal/conservador; no comulgamos con los intereses que encarna ni nos identificamos con las élites que representa; y descartamos toda posibilidad de adhesión a la ideología que lo sustenta. Por eso nos paramos histórica y políticamente en la vereda de oposición al gobierno nacional de la Alianza CAMBIEMOS que encabeza Mauricio Macri, convocamos al pueblo a resistir su programa y a organizarnos para implementar un giro de ciento ochenta grados en el rumbo de nuestro país. Lo antes posible, que ya aprendimos con la historia que a veces es tarde para revertir algunas consecuencias de los errores colectivos.

Es de balde que esperemos que algún parche (o bono de fin de año) pueda remediar lo que sistemáticamente en por lo menos doscientos años condujo siempre al mismo lugar, y que hoy toca en turno, nada más ni nada menos, que al hijo predilecto de la patria contratista pilotear.

No obstante ello la coyuntura exige un ‘plan de contingencia’ para tratar de contener lo más que se pueda el daño que está padeciendo el pueblo y que inevitablemente se irá agravando conforme pasen las semanas, los meses (aunque seguro por cuestiones de márquetin electoral ‘aflojarán un cambio’ el año que viene tratando de legitimarse en las urnas para asegurar la continuidad y profundización del proceso, repartiendo algunas migajas entre el creciente pobrerío y mucha prebenda entre las dirigencias de todo tipo).
Parte de la autocrítica que nos debemos como pueblo, y a nivel de la dirigencia toda, especialmente la gubernamental, es que no diseñamos ni ejecutamos  una matriz económica, productiva ni laboral complementaria y diversa, para ‘tiempos de vacas flacas’.
Sabíamos –o debíamos saber- por la evidencia histórica del carácter cíclico de nuestra economía (y por los vaivenes inevitables de la ‘restricción externa’ que es consecuencia de la globalización liberal impuesta por el capitalismo financiero), que la regeneración del tejido social, con el trabajo digno como organizador principal, después del estallido de 2001/2002, tardaría en solidificar cimientos. Sabíamos que ese ‘proceso reparador’ demanda más de una década, que es lo que en promedio –también la historia lo exhibe- las corporaciones del poder fáctico toleran los procesos de ascenso popular.

Entonces debimos asumir que la incipiente y hasta endeble recuperación económica en clave de desarrollo industrial, proteccionismo y fortalecimiento del mercado interno, no podría sostenerse en tiempos de adversidad como el actual, sin el auxilio de esa matriz complementaria y diversa, que hoy podría contener a gran parte de los y las expulsados de la CEOcracia.

A quienes tratamos de alertar e hicimos propuestas se nos contestó que ‘no era el momento’, total para qué, si había pleno empleo a quién se le ocurre pensar medidas y políticas para la crisis. Ojalá quede un aprendizaje colectivo, de que es precisamente en tiempos de bonanza cuando hay que pertrecharse para los contratiempos que indefectiblemente sobrevendrán, como hasta la metáfora bíblica desde hace ya unos cuantos años lo enseña.

Ahora avancemos con ese plan de coyuntura. Lo que no se hizo no se hizo y tratemos de que el daño sea el menor posible para que al volver el proyecto del pueblo no tenga que retomar desde tan atrás ni desde tan abajo.

Como primera medida es importante estar muy alertas a protegernos de la estrategia/arma comunicacional del enemigo del pueblo. Militantes de la causa de la emancipación y la igualdad de la talla de Noam Chomsky nos enseñan sobre ‘la maniobra distractiva’ de la derecha anti nacional, anti popular y antidemocrática que asola a América Latina.
Así, latiguillos como la corrupción, la inseguridad o las estadísticas copan pantallas, tapas y redes hasta impedirnos comparar y ver algo tan burdo y elemental, como ‘si estábamos, en términos generales, mejor o peor’ en cada ciclo en que se alternaron sendos proyectos contrapuestos, al punto de hacernos votar en contra de nuestras historia, pertenencia social, intereses y conquistas.

Luego, articularnos en la diversidad para salir a conversar, concientizar, estudiar y debatir con el objetivo de organizar al pueblo en una nueva mayoría para conformar un frente ciudadano, que desborde pertenencias partidarias, liderazgos o candidaturas, para oponernos y confrontar con el plan de ajuste empobrecedor, defendiendo en el espacio público los derechos ganados, y para recuperar más bien pronto que tarde un gobierno nacional, popular, democrático y progresista que se ponga a la cabeza del pueblo en la inscripción de ese giro de ciento ochenta grados de que hablamos.
Asumir un rol y un compromiso militante y activo en la disputa por la construcción del ‘sentido común’ contra los multimedios masivos de comunicación que son una pata fundamental del dispositivo anti popular.
Y luego ganar las elecciones para el pueblo, con los y las dirigentes que surjan naturalmente legitimados de ese proceso de base, horizontal y transversal, posponiendo intereses sectoriales y personales, priorizando el interés del conjunto de la patria, con la centralidad de la clase trabajadora y de los sectores menos empoderados y aventajados.

A la par, gobernadores e intendentes, legisladores y concejales que se reconozcan parte del campo nacional y popular, por más que en la coyuntura deban rendirse ante la zanahoria de ‘la gobernabilidad’ por responsabilidades y garantías básicas de la gestión, tienen que acometer la titánica tarea de romper con la inercia, de formatearse o resetearse en modo ‘tiempo de crisis’ para barajar y dar de nuevo en materia de diseño presupuestario.

Hace años que la elaboración del presupuesto público no es más que la actualización numérica de una proforma de Excel, tarea de la cual se ausenta bastante la política, salvo para cuatro o cinco representantes de facciones corporativas del poder formal que pelean por sus respectivas tajadas, marginados de todo atisbo de participación popular.

Presupuestar con perspectiva política y para la nueva realidad, que es de crisis, es una tarea que exige de gobernantes locales encolumnados en la resistencia al proceso liberal anti popular grandes esfuerzo y responsabilidad. Mal que pese a la comodidad, no puede haber continuismo en el planilleo automático porque la realidad nacional, política y económica, se discontinuó.
Se acabó lo que se daba y vivimos tiempos de ‘economía de guerra’; presupuestemos en consecuencia, administremos y ejecutemos con estricto apego a un esquema de prioridades que preserve aspectos básicos de la vida digna y de la integridad humana.
Pasó el tiempo de avanzar, corren tiempos de aguantar, situación en la cual no todas las personas cuentan con las mismas fortalezas ni potencialidades, siendo necesario como siempre pero más que nunca ese entramado solidario que es el Estado, para que el sacrificio se reparta y así se aliviane de manera que nadie deba pagar una porción del inevitable costo social que le pese demasiado como para que le lleve la vida.
La única verdad es la realidad y lamentablemente tenemos que decir que no hay salida desde dentro del programa gobernante. La única salida es que Macri y sus socios que se anotan para la rotación de turnos dentro del mismo plan de sumisión colonial, como Massa o Urtubey, pierdan las elecciones a manos del proyecto nacional, popular y democrático. Y en el mientras tanto las gobernanzas locales no liberales de todo el país deben desactivar el piloto automático de la presupuestación, agudizar la perspectiva política y establecer prioridades que infaltablemente aún en tiempos de crisis se deben atender.
Y aprender; todos y todas, pueblo y dirigencias, de las experiencias vividas, de la historia, de los errores, de lo que no se hizo; para que al volver demos ese salto cualitativo adelante que definitivamente sintetice doscientos años de luchas emancipatorias en un movimiento constituyente social anti neoliberal que, como dice el Papa Francisco, organice a la sociedad en derredor de la vida, de la persona, de la familia, del pueblo y sus interacciones entre sí y con la naturaleza, antes que sobre la base del culto al Dios dinero.
Habrá un mundo pos capitalista, o no habrá más un mundo.
Abogado Osvaldo LOPEZ (Sen. Nac. M.C.) Nuevo Encuentro TDF – 21/10/16.

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