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25 JUL2015
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Lun. 22 Ago.

Opinión

“Todos están de acuerdo con que hay que sincerar tarifas”

En tiempos en que la hipercomunicación nos incomunica y la ‘in-formación’ nos embrutece viene bien intentar hacer un poco de ‘docencia elemental’ para recuperar algunas nociones básicas que preserven un mínimo de ‘sentido común’ lindante con la cordura.

Por Osvaldo Lopez

Senador Nacional (M.C.) – Nuevo Encuentro TDF


El desafío disputa la mentalidad colectiva al gobierno neoliberal que justifica ‘el tarifazo’ y cuestiona ‘los subsidios’, ambos relativos a ‘la energía’.

Como ‘la razón’ se pierde a manos del poderosísimo aparato de propaganda que constituyen los multimedios masivos de comunicación asociados a la cruzada macrista, se hace necesario volver a decir lo que se suponía ya sabido por todos y todas desde hace mucho tiempo y para siempre, para demostrar que ni el tarifazo está bien ni los subsidios están mal, y que las afirmaciones en tal sentido, o en el sentido contrario, son relativas del modelo económico que se escoja y de la base ideológica que lo sustenta, en función de los objetivos que se persiguen.

En un largo proceso de construcción cultural, la propaganda neoliberal despolitiza a la sociedad para mercantilizar la democracia y los derechos, naturalizando que cada quien tendrá acceso a aquello que pueda comprar, en condiciones tales que aseguren renta y ganancia a una minoría que concentra el poder económico.

De resultas de ese proceso tenemos, por ejemplo, que ‘la energía’ es tema de expertos, técnicos, profesionales. ‘El resto’ –léase la mayoría del pueblo- ni sabemos leer una factura de un servicio, en formato planilla con tanto casillero, números y letras de todos los tamaños. Lo más que podemos saber es si podemos pagar las facturas con facilidad o con dificultad y en este último caso patalear un poco hasta que al final seguro nos ganarán por cansancio y dale que va.

Como quiera que sea terminan logrando que cualquiera asuma, aunque no pueda explicar, que ‘todo el mundo sabe que era necesario un reajuste tarifario’ porque ‘las tarifas estaban atrasadas’ y ‘tenemos déficit’ culpa del ‘viva la Pepa’ del gobierno anterior y ‘la herencia’ recibida como consecuencia de un ‘festival de subsidios’ y que ‘cómo puede ser…’.

Como mucho el mínimo retazo de raciocinio que nos dejan preservar nos alcanza para reclamar que ‘capaz tenía que haberse hecho de manera gradual’ cuando, antes de que nos estupidizaran tanto, teníamos entendido que lo que es malo, lo que daña, no lo queremos, ni ‘de una’ ni gradualmente, sino que lo combatimos, con nuestros gobernantes a la cabeza, que para eso están.
Recuperando lecciones básicas de la primaria debiéramos recordar que de Einstein para acá sabemos que ‘todo es energía’, inclusive la materia (energía concentrada) y, dentro de la materia, inclusive las personas (la prueba está en que si viajamos a 310.000 km por segundo nos desintegramos en luz).

Entonces tener que andar repitiendo que ‘la energía es un derecho esencial’ o ‘un derecho humano’ no requiere tanto de la evolución de las ciencias jurídicas y sociales como de la simple constatación de que ‘somos’ eso.

Las afirmaciones anteriores no cambian por el hecho de que se necesiten ingenieros para construir usinas eléctricas o redes de distribución, como para extraer petróleo, refinarlo, separar el gas, transportarlo, etc.

Que la energía es algo tan sencillo como la naturaleza misma no deviene tan complejo como impenetrable porque a la hora de concentrarla, vehiculizarla, manejarla, acumularla, transportarla como para aprovecharla en determinados usos que fuimos descubriendo a través de las décadas de los últimos doscientos años hagan falta determinados conocimientos y habilidades específicas que están en las escuelas y universidades a disposición de quien los quiera tomar y dominar.

Hablamos de luz, de calor, de aire, de agua, de frescor, del desplazamiento de personas y cosas de un lugar a otro; nada se pierde ni se crea, todo se transforma.

Ni el petróleo ni el gas ni el agua ni la electricidad tendrían utilidad alguna para nosotros si no existiéramos como especie viva; y existimos como especie viva gracias a la posición que la tierra ocupa en relación al sol, fuente principalísima de energía que no sé a qué precio Aranguren próximamente nos querrá facturar.

Como el aire o el sol, el petróleo, el gas y los electrones que conducimos a través de cables existen naturalmente y en forma independiente de cualquier patente de invención que según las leyes de la coyuntura autorice a alguien a vendérnoslo como si le perteneciera y al precio que su libertad de mercado le permita pretender.

Eso no es incompatible con que para acumularlos y distribuirlos en redes seguras que los arrimen adonde los necesitamos para vivir confortable y dignamente tengamos que mancomunar esfuerzos para costear socialmente esa logística que individualmente no podría cada uno encarar. Para eso existe la sociedad, y el Estado que es su organización, también lo aprendimos en la primaria.
El asociativismo como modo de resolver en común lo que en forma individual nos supera aprovecha el carácter gregario de la persona humana. Así surgen los barrios, las ciudades, que luego se juntan para formar provincias o países, los clubes, las cooperativas, los sindicatos, las sociedades comerciales. Pareciera que la cuestión se complejiza como para convertirse en materia que monopolice la elite profesional pero no es tan así no nos dejemos engañar que la complejización tecnocrática es una trampa neoliberal que resiente la democracia, desempodera al pueblo y genera negocios para la minoría que nos embrutece, nos domina y nos saquea.

Y así surgen los subsidios: paguemos entre todos y todas algunas cosas básicas que necesitamos para vivir bien; hacemos la vaquita con aportes que llamamos impuestos y cosas parecidas; conformamos un fondo común que llamamos presupuesto público y con eso –que es nuestro, Frigerio- pagamos la educación, la salud, la justicia, la seguridad, la infraestructura, los servicios. O sea que como la educación o la salud públicas, los servicios de gas, luz y agua potable podrían estar cien por ciento subsidiados y lo mismo lo estaríamos pagando nosotros, sólo que de manera mancomunada y no individual; no nos lo estaría regalando nadie, Macri, así que no te hagas el dueño de la energía como para venir a decirnos que te la tenemos que pagar con aumentos del cuatrocientos o del quinientos por ciento y encima pretender que te agradezcamos porque el aumento no es del dos mil por ciento como al principio hace un par de meses.

Insisto hablo de pagar las máquinas, los gastos y los salarios necesarios para extraer, procesar, distribuir, etc.; que los recursos en sí son naturales como el aire o el sol y por ende nos pertenecen a todos y todas.

En democracia las decisiones políticas corresponden al pueblo, por más que las instrumente a través de los gobiernos que instituye por cuestiones operativas y de comodidad. Qué subsidiar, en el sentido de pagar entre todos con el fondo común que conformamos, y qué pagar cada uno en forma individual con la parte de su plata que no deposita en el fondo común, no tiene que ver con una ley natural e inexorable como la ley de la gravedad, sino con decisiones políticas que, como dije al principio, obedecen a modelos económicos, ideologías y objetivos sociales.

No nos dejemos confundir, embarullar, mentir ni robar.

La verdad de la milanesa sigue siendo la transferencia de recursos de las mayorías populares a la minoría privilegiada del poder económico, perfectamente representada desde lo simbólico en ese legítimo hijo de la patria contratista que pusieron de presidente. Veamos, a título de ejemplo, el informe del Centro de Estudios para el Cambio Social, “Transfiriendo al capital”, que abarca los primeros 5 meses del gobierno de CAMBIEMOS y releva los 5 principales mecanismos económicos que perpetraron el desfalco a un ritmo de USD 7 millones por hora, totalizando en dicho período 20 mil millones de la misma moneda . Esto es lo que pasamos por alto cuando nos ponen a discutir pavadas de la primaria, cual víctimas inconscientes de las operaciones distractivas de que nos previene Noam Chomsky.

Así, por ejemplo, es una decisión política del pueblo destinar cuatro mil quinientos millones de dólares de nuestro presupuesto a subsidiar la energía o a ganancia –vía supresión de retenciones a las exportaciones agrarias o a la minería- de la oligarquía, como si fuera la dueña del suelo y de sus frutos que también, recordemos, como el aire o el sol, es un recurso natural que pertenece a todos y todas independientemente del reparto coyuntural e inequitativo de sus tenencia, uso y usufructo a través del invento importado de ‘la propiedad’.

Pero la verdad es que tampoco como consecuencia del tarifazo desaparecieron los subsidios a las empresas, todo lo contrario, aumentaron. Con lo cual la excusa de la necesidad de reducir el déficit también es falsa; también el déficit se incrementó, sin agotar la enumeración de las causas, por la resignación de otras vías de recaudación como la ya mencionada supresión de retenciones a exportaciones y por la baja del consumo en general.

Un día van a querer que naturalicemos que debemos pagar por el aire o el sol y caeremos en la trampa de discutir el cuánto; y terminaremos dando gracias por ‘que no sea tan alto’ el valor de la factura. Ojo que si no entramos en esta lógica es porque somos ‘populistas’, panacea argumental que todo lo remedia a la hora de justificar la desigualdad, que es lo natural que todo el mundo debiera aceptar sin rebelarse; qué es eso de andar naturalizando que todos podemos ‘vivir bien’, pura fantasía irreal. Y ojo que si somos populistas ‘vamos a terminar como Venezuela’ (cualquiera, que ni conoce Venezuela, termina reemplazando en su léxico la palabra ‘cuco’).

Más allá del latiguillo de ‘la herencia’ del populismo kirchnerista, de tarifas accesibles e impacto de los subsidios en el déficit (cosas que a los liberales desvelan más que el bienestar del pueblo), la verdad es que durante los tres mandatos k se amplió muchísimo la capacidad instalada tanto para la producción como para la distribución de energía, acorde con el crecimiento de la economía, tanto a nivel de la producción incluso industrial, como del consumo popular, por vía del fortalecimiento de la demanda en el mercado interno, a partir de la reducción de la pobreza y del desempleo y demás factores redistributivos, que determinaron una participación de los sectores asalariados superior al 50% del producto social.

Claro que seguíamos siendo deficitarios, pero el punto es ‘comparado con qué’, si con el ideal que aún no alcanzamos, o con el panorama del cual veníamos después del estallido de 2001 (más del 50% de pobreza y más del 20% de desempleo), panorama al cual por cierto –y a pesar de la perorata legitimadora del ajuste anti popular- volveremos en breve, de resultas de las políticas económicas macristas que, paradojal e irrespetuosamente, prometen pobreza cero.

Entre los relatores intelectualoides del conservadurismo gobernante, Emilio Apud dice que por el camino iniciado para desandar el populismo que “hizo que creyéramos que podíamos vivir con un nivel superior a nuestras posibilidades indefinidamente mediante sensaciones de bienestar”  tenemos que aspirar a que produciremos energía para 400 millones de personas y que exportaremos el excedente que no consumimos. Pura demagogia: el 90% de la matriz energética mundial depende de los hidrocarburos y ‘Argentina no es un país petrolero’. La incidencia de las tan aclamadas ‘energías renovables’ es todavía casi imperceptible. Ni hace falta que seamos un país petrolero ni exportadores de energía. Eso, por ahora, dejémoselo a Venezuela, a Medio Oriente en la OPEP. Acaso a futuro nosotros, con Vaca Muerta… pero por este rumbo en el cual YPF vuelve a desinvertir, dificulto.

La verdad es que si el objetivo de nuestro pueblo es producir y consumir para que acumule ganancias siderales la minoría empresaria, bueno… siempre nos va a faltar energía. Si el objetivo fundante de nuestra sociedad es el buen vivir de las gentes del pueblo necesitamos mucho menos. Consumismo para la acaparamiento capitalista, o vivir bien preservando la humanidad y su hábitat, dos modelos que no hay que perder de vista en medio de tanto barullo falaz, irrespetuoso e idiotizante.

Tomo partido por el segundo modelo, y tengo claro que por más que te digan lo que te digan, esos ideales se nos alejan en tanto sigamos siendo gobernados por el proyecto anti nacional, anti popular y anti democrático que la Alianza CAMBIEMOS recupera de los Alzogaray, de los Martínez De Hoz, de los Menem, de los Cavallo. A pesar de TN, es nuestro deber aprender de la historia. No nos resignemos a ser necios ni a perder la memoria.


[1] http://www.cecs-argentina.org/publicaciones-de-investigacion/transfiriendo-al-capital/
[1] https://www.youtube.com/watch?v=c56l0bf2Jb0
[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-279518-2015-08-17.html
[1]http://www.lanacion.com.ar/1924165-el-cambio-cultural-que-el-pais-necesita

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